El informe más reciente de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), presentado en agosto de 2025, revela un escenario complejo para el mercado del litio en el bienio 2025-2026. Tras dos años de fuertes caídas de precios, producto de una oferta que supera ampliamente a la demanda, las proyecciones apuntan a un superávit persistente que seguirá presionando a la baja las cotizaciones internacionales.
Oferta y demanda global
De acuerdo con el análisis, la demanda mundial de litio alcanzaría en 2025 las 1,34 millones de toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE), lo que representa un incremento de 22% respecto de 2024. Para 2026, el consumo se proyecta en 1,56 millones de toneladas, con un aumento anual del 16%. Sin embargo, la oferta crecería aún más, con alzas del 17% en 2025 y 12% en 2026, generando un superávit estimado en 103 mil y 60 mil toneladas respectivamente.
La industria de vehículos eléctricos continuará liderando la demanda, con una participación proyectada del 65% en 2025 y del 66% en 2026. En paralelo, los sistemas de almacenamiento de energía (BESS) consolidan su rol como segundo consumidor, reforzando el vínculo estratégico del litio con la transición energética global.
Precios y volatilidad
Durante 2025, la cotización del carbonato de litio en Asia (CIF) registró una recuperación parcial, pasando de US$ 8.200/ton en junio a US$ 10.100/ton en agosto, tras la suspensión de la mina Jianxiawo de CATL en China. No obstante, Cochilco advierte que esta alza responde a factores coyunturales, como la incertidumbre regulatoria en Yichun, y no a un cambio estructural del mercado. El exceso de inventarios y la sobreproducción mundial siguen actuando como frenos para una recuperación sostenida.
Las proyecciones de Consensus Forecast sitúan los precios promedio de 2026 en torno a US$ 10.300/ton para el carbonato de litio y US$ 10.900/ton para el hidróxido, lo que refleja una expectativa de mejora moderada, pero aún condicionada por la evolución de la oferta global.
El rol de China y la diversificación geográfica
China mantiene un rol central en la dinámica del litio. Su estrategia de diversificación hacia África, junto con la reforma de la Ley de Recursos Minerales en julio de 2025, apunta a consolidar un suministro controlado y sostenible. Estas medidas, sumadas a la política «anti-involution» que busca reducir la sobrecapacidad y estabilizar el mercado, impactan directamente en la volatilidad de precios.
La emergencia de África como nuevo polo productor —especialmente Zimbabue, Malí y la República Democrática del Congo—, financiado principalmente por capital chino, está reconfigurando la cadena de suministro y aplanando la curva de costos de producción.
Perspectivas para Chile
En este escenario, la industria chilena mantiene una posición estratégica. En 2024 la producción nacional alcanzó 296.908 toneladas de LCE, y se proyecta un incremento a 305.000 toneladas en 2026. Además, alianzas público-privadas como Codelco-Rio Tinto (proyecto Paloma) y ENAMI-Rio Tinto (Salares Altoandinos) permitirán aumentar la capacidad futura en decenas de miles de toneladas. Según Cochilco, la producción chilena podría crecer entre un 70% y 80% en la próxima década.
En paralelo, el país refuerza su atractivo para inversionistas mediante nuevos Contratos Especiales de Operación de Litio (CEOL), que se tramitan en salares como Agua Amarga, Ascotán, Coipasa y Quillagua. Pese al contexto de precios adverso, la estabilidad regulatoria chilena y sus vastas reservas mantienen su competitividad a nivel global.
Conclusión
El mercado del litio 2025-2026 enfrentará tensiones derivadas de la sobreoferta, con precios deprimidos y ajustes de producción, mientras la demanda vinculada a electromovilidad y energías renovables sigue al alza. Chile, gracias a su base de recursos y a los proyectos en desarrollo, se proyecta como un actor clave en un mercado que, aunque desafiante, continuará siendo estratégico para la transición energética global.














