
En el frío de un invierno santiaguino, con Los Andes completamente nevados asomando desde el avión, Silvia Hernández, recién graduada en Ingeniería en Tecnologías de la Información y Técnico en Desarrollo de Aplicaciones de Software, aterrizó por primera vez fuera de Costa Rica. Llegó con 27 años y equipaje cargado de expectativas.
Buscaba más que una pasantía y certificación: un salto a nuevos mundos en una experiencia que uniría su formación con una empresa que explora los límites de la realidad virtual y la inteligencia artificial aplicadas a la industria minera: Minverso.
Su experiencia de trabajo con la firma la definió: “muy, muy de buena calidad, todas las personas han sido muy acogedoras, me han dado la bienvenida, también me han mostrado con los lentes de realidad virtual directamente el trabajo que hacen”.
Contó que puso en práctica la producción de videos con inteligencia artificial y todo el proceso que trae consigo. “Los chicos también me han ayudado en la parte de desarrollo y en el plan para hacer la certificación”, relató, aún sorprendida por la fuerza de la experiencia.
Pulsos de aprendizajes entre Costa Rica y Chile

Rodrigo González, CEO de Minverso, recordó que la llegada de Hernández fue natural. “No hubo un mayor esfuerzo de adaptación, sino que congenió muy bien en cuanto a su conocimiento técnico, su expertise precisamente con el equipo de desarrollo. Entonces logramos un espacio súper enriquecedor, bidireccional además, tanto por parte de ella hacia el equipo como del equipo hacia ella”.
Más allá de lo técnico, González valoró lo que ocurrió entre las personas: “Fue culturalmente súper rico. Creo que hay mucho trasfondo, hay mucho en común entre Costa Rica y Chile”.
Se integró a proyectos de animaciones y videos creados con inteligencia artificial, piezas que Minverso desarrolla para clientes que buscan experiencias inmersivas. También se insertó en un ritmo laboral distinto, marcado por la innovación y el trabajo colaborativo.
“Es mi primera vez en Chile, mi primera vez fuera de Costa Rica también. Conocí un poco el centro, fui a donde está el Costanera y al teleférico, pero creo que la cordillera ha sido increíble, lindísima. El día que yo llegué me dijeron que estaban muy bajas las temperaturas, acababa de nevar. Ha sido una experiencia muy gratificante para mí”.
En Santiago encontró un contraste de calles llenas de movimiento, frío intenso, luces invernales y, al mismo tiempo, la acogida de un equipo que la integró de inmediato. La experiencia de ver la nieve por primera vez se fundió con el vértigo de sumergirse en tecnologías que para muchos aún parecen lejanas.
El camino de Silvia: de Upala a Minverso
Antes de llegar a Chile, la pasante había terminado una certificación en desarrollo de aplicaciones de software en el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) en Upala, la región de Costa Rica de donde proviene. Ahí comprendió que la formación, además de los códigos y las bases de datos, también está en las habilidades humanas.
“Mi proceso de aprendizaje fue muy acogedor, el INA siempre estuvo atento a todo el proceso. No solamente te enseña las partes técnicas, sino que también te enseña la parte práctica y las habilidades blandas, en especial la comunicación asertiva, el poder formar las ideas y expresarme de mejor manera”, expuso.
Con ese bagaje se sumó a la firma, donde pudo vivir de cerca la experiencia tecnológica. “Estos días que he estado en Minverso ha sido increíble, la tecnología que tienen, cómo van avanzando en lo que es la realidad virtual, en la inteligencia artificial”.
Le quedó en la memoria lo que le dijeron en la empresa: que al principio muchos dudaban y que el proceso era difícil. También entendió que los avances llegan paso a paso. “Entonces mi expectativa es poder aprender, aprender de todos los desarrolladores, aprender de todos los profesionales que tiene Minverso”, expresó.
La primera en certificarse en el programa de Chile Valora

El programa que trajo a la joven lo impulsa Chile Valora, la institución encargada de certificar las competencias laborales. Su directora ejecutiva, Ximena Rivillo, lo explica con claridad: “En este caso se evaluó a Silvia en esta experiencia de intercambio”.
Señaló que se examinan competencias. “El año pasado, con el Ministerio de Ciencias levantamos cinco perfiles en materia de inteligencia artificial. Porque hay muchas personas en Chile y en el resto del mundo que, de manera autodidacta, han aprendido”.
Detalló que muchas personas han incorporado conocimientos en IA, pero no volverán a estudiarlo en un centro académico porque ya lo saben, por lo que necesitan que una entidad los certifique.
Rivillo señaló que este proceso se construyó con la participación de actores del sector tecnológico, de servicios públicos y privados, entre ellos Minverso.
De esta forma, la gestora puntualizó que Silvia “había tenido conocimientos, se había preparado, había hecho una práctica en temas de inteligencia artificial y durante esta semana se le nivelaron competencias para poder acceder a una evaluación, porque tú te evalúas y de ahí, si sales apto, te certificas”.
Al surgir la pregunta sobre si puede cumplir los requisitos, afirmó: “Puede cumplirlos o no. No lo sabemos, porque tiene que evaluarse. Porque del 100% de personas evaluadas, entre un 8 y un 12% no se certifica, porque es muy estricta la evaluación. Entonces eso también le garantiza a la industria y a los trabajadores y trabajadoras que la evaluación tiene valor”.
Contó que llegaron a Silvia porque “como Chile Valora tenemos una red muy importante de instituciones similares a nosotros con las cuales tenemos redes. Y OIT/Cinterfor es una de las plataformas de esta red. También la Alianza del Pacífico y otras cooperaciones bilaterales”.
Sueños que cruzan la cordillera
Entre la cordillera blanca y los espacios virtuales de Minverso, Silvia piensa en lo que vendrá. Su paso por la firma la inspira a mirar un propósito mayor: “Uno de mis grandes sueños es poder construir una empresa donde, desde mi punto de vista, se les den las oportunidades a todos los jóvenes, no solamente a los jóvenes con experiencia que es lo que últimamente pasa”, planteó.
Ese anhelo apunta a derribar muros que detienen a quienes recién salen de los centros de formación. A despejar caminos para que el talento no se estanque frente a la exigencia de experiencia previa. Convertir las oportunidades en hechos materiales.
La vivencia entrecruza Costa Rica y Chile, lo que se aprende en distintas instancias y lo que se vive en un entorno tecnológico. Une sueños personales con una industria minera que busca tecnologizarse.
Queda también lo experimentado en ese primer momento, de una pasantía que se vuelve el inicio de un futuro con inteligencia artificial, realidad virtual y la idea de que la tecnología puede ser un puente para una nueva generación.














