El cobre cerró 2025 con una señal financiera relevante dentro de una industria que también recogió el impulso del oro y otros metales. El informe Mine 2026: Ambition to action, publicado por PwC, firma internacional de auditoría, consultoría y asesoría empresarial, revisó el desempeño de las 40 compañías mineras de mayor capitalización bursátil del mundo. Sus ingresos crecieron 3,3% hasta US$909.000 millones, mientras el EBITDA agregado aumentó 23% y llegó a US$248.000 millones.
El metal rojo estuvo entre los que impulsaron esos resultados. Las compañías enfocadas en este mineral elevaron su EBITDA agregado en 80%, desde US$7.400 millones en 2024 hasta US$13.300 millones en 2025. El reporte sitúa a BHP en el primer lugar de la clasificación. Antofagasta plc aparece en el puesto 16, SQM en el 37 y Lundin Mining entre las nuevas compañías incorporadas a la lista, en el lugar 38.
La presencia de estas compañías conecta el resultado global con Chile. PwC destaca, además, la sociedad entre BHP y Lundin Mining para el distrito Vicuña, en la frontera entre Chile y Argentina. Esta fórmula combina la capacidad de una gran minera con un proyecto de largo plazo. La primera de las tres etapas contempladas requiere un costo de capital cercano a US$7.000 millones.
La paradoja del capital
El escenario abre una paradoja para la industria a escala global. El cobre mejora sus resultados y refuerza su posición en la transición energética, la electrificación y la expansión de la infraestructura digital. Sin embargo, el capital destinado a desarrollar nueva oferta minera mantiene una escala limitada frente a las inversiones que avanzan hacia sectores que dependen directamente de estos minerales.
PwC estima que el capital destinado al desarrollo minero alcanzó cerca de US$55.000 millones en 2024. La cifra representa menos de un octavo de la inversión mundial en energía solar fotovoltaica. También equivale a menos de una décima parte de los recursos destinados a la construcción de centros de datos.
La comparación revela una tensión de fondo. Los paneles solares, las redes eléctricas, los vehículos eléctricos y los centros de datos requieren cobre, litio, tierras raras y otros minerales. Sin embargo, PwC plantea que los proyectos mineros enfrentan exigencias de rentabilidad más altas que otras inversiones intensivas en capital. Sus extensos plazos de desarrollo, los riesgos asociados a los permisos, la complejidad del procesamiento y la incertidumbre geológica influyen en esa evaluación.
El informe compara esta situación con proyectos de energía solar y generación nuclear. Un proyecto que puede atraer capital con un retorno de 7% en una planta solar o de 10% en una central nuclear puede perder atractivo cuando se evalúa bajo las condiciones de la minería.
El fin de la ventaja geológica
Actualmente, los recursos minerales mantienen un peso estratégico. Para capturar valor, requieren una ruta clara hacia los permisos, el procesamiento, el financiamiento y la entrada en operación.
Antes de destinar recursos a un proyecto, los inversionistas observan tres condiciones ineludibles. La primera corresponde al retorno ajustado por riesgo. Los proyectos mineros enfrentan largos períodos de desarrollo, incertidumbre geológica, exigencias ambientales, desafíos de procesamiento y una alta exposición a cambios de costos.
Una planta solar puede entrar en operación comercial en pocos años. En cambio, una faena minera de gran escala puede necesitar más de una década entre exploración avanzada, estudios, permisos, construcción y puesta en marcha. Esta diferencia eleva el umbral de evaluación para inversionistas institucionales, fondos de infraestructura y bancos.
La segunda condición apunta a una ruta hacia ingresos estables. El cobre cuenta con una demanda estructural asociada a la electrificación. Sin embargo, los proyectos requieren mayor visibilidad financiera a largo plazo. PwC destaca que los pisos de precio fijan un valor mínimo para la venta del mineral. Las garantías de compra futura y los compromisos de demanda pueden reducir esa brecha y volver más previsibles los ingresos para los inversionistas.
La tercera condición alude a la jurisdicción. Un yacimiento permanece donde está, mientras el capital puede elegir entre distintos países y sectores. La agilidad de los permisos, la certeza regulatoria, el acceso a infraestructura y la capacidad de procesamiento influyen directamente en la decisión de inversión.
PwC advierte que una reserva de clase mundial puede dejar valor atrapado cuando el proyecto enfrenta plazos inciertos, baja disponibilidad de capital o restricciones para procesar el mineral. En ese escenario, la competencia global combina la calidad de la roca con la capacidad de cada territorio para transformar sus recursos en operaciones viables.
Fusiones en lugar de exploración
Ante este nivel de fricción, las grandes compañías compran y consolidan activos ya existentes. Estas operaciones de fusiones y adquisiciones permiten a una empresa adquirir otra compañía o tomar el control de un proyecto. Así, pueden incorporar reservas, producción o activos avanzados sin partir desde cero.
La firma advierte que las grandes mineras han privilegiado esta vía por sobre la exploración de nuevos yacimientos. El número de transacciones cerradas cayó 20% durante 2025. Sin embargo, el valor total de las operaciones superó los US$70.000 millones.
El oro, la plata, el cobre y el litio concentraron el 70% del valor total de las operaciones. La tendencia refleja una decisión corporativa. Las grandes mineras encuentran en los activos existentes una vía más rápida para sumar producción, reservas y capacidad operativa que el desarrollo de proyectos nuevos desde sus etapas iniciales.
La compra de operaciones en marcha o de proyectos avanzados permite acceder a información geológica más consolidada, infraestructura ya construida, permisos obtenidos o procesos regulatorios con mayor avance. Sin embargo, esta estrategia fortalece las carteras de las compañías y profundiza la brecha de nueva oferta que demandará el mercado durante los próximos años.
Para Chile, el diagnóstico de PwC plantea una discusión que va más allá de la disponibilidad de recursos. El país cuenta con experiencia minera, capacidades de ingeniería, proveedores especializados y una base geológica que mantiene al cobre en el centro de su desarrollo productivo. Así, la prioridad está en generar condiciones que permitan movilizar inversión hacia proyectos capaces de entrar en operación en plazos competitivos.
Una parte importante de esa ruta depende de las definiciones sobre permisos, tributación, infraestructura, procesamiento y certeza jurídica. Para PwC, el capital global observa esta ecuación con atención. La geología abre la puerta, pero la inversión exige un marco capaz de transformar ese potencial en producción, retorno y continuidad operacional.














