Magallanes se enfrenta a una de las oportunidades más importantes en el ámbito energético: el megaproyecto H2 de Magallanes, que promete transformar la región en un centro clave para la producción de hidrógeno verde.
Con una inversión de 16 mil millones de dólares, esta iniciativa apunta a aprovechar la energía eólica y el agua de mar para generar hidrógeno verde y amoniaco verde. Cabe mencionar que el primero se usa como fuente de energía limpia, mientras que el amoniaco verde, derivado del hidrógeno, sirve como portador de este recurso para su almacenamiento y transporte.
Este proyecto tiene como objetivo posicionar a Chile y Magallanes en la vanguardia de la transición energética global. Sin embargo, como cualquier proyecto de gran magnitud, no está exento de desafíos, especialmente respecto a los permisos y la evaluación ambiental.
Recurso clave para una minería más verde en Chile
Es importante destacar que el hidrógeno verde, además de presentar un gran potencial como solución energética innovadora, también es un motor clave para la sostenibilidad de diversas industrias, incluida la minería. El plan contempla la posibilidad de cambiar la forma en que las operaciones mineras se alimentan de energía, con una reducción significativa de la huella de carbono.
La minería chilena tiene una gran oportunidad para adaptarse a las demandas de sostenibilidad global. Al incorporar hidrógeno verde en sus procesos, podría avanzar hacia una industria más respetuosa con el medio ambiente, más eficiente y abrir nuevas posibilidades para mejorar su competitividad en un mercado global cada vez más exigente.
Sin embargo, para que estos avances sean posibles, es esencial abordar uno de los mayores obstáculos que enfrentan los proyectos de hidrógeno verde en Chile. La complejidad de los procesos regulatorios y las demoras en la aprobación de permisos están generando incertidumbre tanto en inversionistas como en las comunidades locales.
En el caso de H2 Magallanes, el proyecto enfrenta más de 800 observaciones de 21 servicios públicos al estudio de impacto ambiental (EIA) que presentó la empresa TEC H2 MAG SpA, filial de TotalEnergies, que en conjunto con EREN contempla la construcción de un parque eólico con 616 aerogeneradores para la electrólisis (separación del agua en hidrógeno y oxígeno mediante electricidad).
Lo anterior pone de manifiesto la necesidad de mayor dinamismo y claridad en los estudios de impacto ambiental. Asimismo, los cuestionamientos también señalan el desafío de equilibrar la aceleración de la transición energética con la protección adecuada de los factores medioambientales.
La convergencia de la minería y la sostenibilidad
A pesar de la complejidad, la industria del hidrógeno verde sigue siendo una de las apuestas más prometedoras para Chile. La experiencia del proyecto H2 Magallanes, junto con los avances en tecnologías como la electrólisis, presenta un escenario optimista para el futuro.
En este panorama, la minería nacional, con su rol esencial en el suministro de minerales críticos para la transición energética, juega un papel clave en el desarrollo de estos proyectos. Minerales como el cobre, litio, cobalto y níquel son centrales para la infraestructura que posibilita la generación de hidrógeno verde, lo que crea una valiosa sinergia entre ambas industrias.
Parece claro que Chile tiene la oportunidad de posicionarse como un líder global en la producción de hidrógeno verde, pero para que esto suceda, se deben abordar de forma urgente los desafíos de la “permisología”. La velocidad en la toma de decisiones regulatorias es un factor esencial para evitar que el país pierda terreno frente a competidores como Brasil y Perú, que también avanzan con iniciativas similares.
El futuro del hidrógeno verde, además de depender de la tecnología y las inversiones, depende de la capacidad de las autoridades y los actores involucrados para crear un marco regulatorio que permita que estos proyectos avancen sin poner en riesgo su viabilidad.
Si el proyecto H2 Magallanes logra superar estas barreras y avanzar hacia una implementación exitosa, podría, además de ser un hito para la región, representar un paso hacia un escenario donde la minería y la energía renovable trabajen en sinergia para alcanzar un futuro más limpio, eficiente y competitivo.
La transición hacia el hidrógeno verde es una oportunidad estratégica que el país debería esforzarse en no dejar pasar, con la minería como una pieza clave en este cambio.














