En las últimas dos décadas, en Chile se ha repetido la promesa de avanzar en la llamada “cadena de valor del litio”: fabricar baterías, agregar tecnología y exportar conocimiento. Sin embargo, durante un reciente webinar que organizó el Centro de Estudios de Minerales Estratégicos y Críticos (CEMEC), el diagnóstico fue distinto: más escéptico y directo.
“El país carece de la competencia y la expertiz necesaria para competir en mercados tecnológicos”, advirtió Jaime Alee, principal de Eskorpion Consulting y asesor del Centro de Energía de la Universidad de Chile. En su presentación, Alee cuestionó que el debate sobre el litio se ha sostenido durante años “muy vinculado al slogan político, sin base sustantiva, en vez de un proyecto país”.
La conversación en la que participaron Alee y Álvaro Videla, director del Centro de Energía UC e investigador visitante en Berkeley Lab, California, la siguió con atención InfoMINERÍA. Ambos expertos coincidieron en que, aunque la relevancia estratégica del litio no está en duda, las expectativas sobre su industrialización se deben revisar con más realismo.
“En el mundo se habla de cadena de suministro, no de cadena de valor”, señaló Videla, y agregó: “A medida que se avanza en cada etapa superior, el litio representa menos del valor del producto final. En una batería puede ser apenas el 6 %. En un auto eléctrico, solo el 2 %”.
Los intentos sin éxito para industrializar el litio
Durante su exposición, Alee repasó la historia reciente de los intentos por industrializar el litio. Desde 2017, Chile intenta atraer inversión para fabricar material activo, el compuesto químico que contiene litio y que permite almacenar y liberar energía en una batería.
Las empresas que se adjudicaron los proyectos —la coreana POSCO, la chilena Molymet y la china Sichuan Fulin— terminaron por abandonarlos. En 2019, el segundo llamado quedó desierto. En 2022, se adjudicó a BYD y Tsingshan, pero ambas iniciativas se cancelaron este año.
La razón de fondo, explicó Alee, es estructural. “Chile carece de los otros recursos necesarios para fabricar cátodos, como cobalto o níquel. Los clientes están en China, no hay un mercado local, no hay subsidios y existe burocracia excesiva”, afirmó. Y agregó: “Lo que les interesaba era acceder al litio, no instalar una planta”.
Desde su perspectiva, también existe una falla institucional: “Hay una carencia de accountability, de profesionalismo y también de conocimiento estratégico para implementar planes estatales de esta naturaleza”, dijo. “En casi diez años, no hemos logrado avanzar un solo peldaño en esa cadena”.
Una ventaja chilena poco conocida
Videla dio una visión más optimista, centrada en nuestras capacidades. Destacó que Chile es el único país fuera de China que refina litio con grado batería, es decir, apto para utilizarse directamente en la producción de celdas. “Eso representa el 29 % de la capacidad mundial de refinación”, detalló.
El dato no es menor, ya que el litio refinado en Chile puede entrar directamente a la cadena de fabricación de baterías, sin procesamiento adicional. Según Videla, esta capacidad reduce la dependencia global de China y otorga a Chile una ventaja poco destacada. “Sin Chile, la industria de baterías dependería casi en un 100 % de China”, señaló.
Mucho más que litio para fabricar baterías
Tanto Alee como Videla coinciden en que fabricar baterías no es una tarea que se pueda improvisar. El proceso exige tecnología sofisticada, ambientes sin oxígeno, energía barata y una escala industrial que hoy no existe en Sudamérica.
Videla explicó que los márgenes de negocio en la cadena de suministro se concentran en los extremos: la minería y la venta del vehículo eléctrico. Así, las etapas intermedias, como la fabricación de celdas o módulos, resultan altamente competitivas y poco rentables. “Sudamérica no juega ningún rol en la manufactura de celdas ni de vehículos eléctricos. Cero. Estamos muy lejos”, dijo.
BYD apuesta por Brasil y Argentina atrae inversión minera
Videla también advirtió que países como Brasil y Argentina ya tomaron acción. “BYD va a instalar en Brasil la planta más grande de autos eléctricos del continente”, explicó. Agregó que la empresa china no solo producirá vehículos: también construirá toda la cadena hacia atrás para no depender de insumos externos.
Indicó que, en paralelo, Argentina replicó el modelo chileno de atracción de inversión minera de los años noventa, basado en reglas claras y estabilidad tributaria. Australia, en tanto, duplicó su capacidad de producción de litio en solo cinco años. “Teníamos el 50 % del mercado en 2020. Hoy apenas superamos el 20 %”, advirtió Videla.
“Campeones en litio”, pero no en la industria de baterías
En el encuentro de CEMEC quedó claro que el litio seguirá como un recurso estratégico para la transición energética. Sin embargo, según lo expuesto, avanzar hacia la fabricación de baterías exige condiciones que hoy faltarían en Chile: infraestructura, conocimiento tecnológico, acceso a insumos complementarios y mercados de destino.
Jaime Alee fue enfático: “Yo creo que en la producción de litio somos campeones mundiales, pero eso no implica que, por ejemplo, SQM vaya a ser campeón mundial en producir baterías o celdas de batería, principalmente porque no es su especialidad, pero también porque son sus clientes”.
A esto agregó: “Engancharnos con la minería y que a partir de ella tengamos que ser capaces de producir un proceso industrial, a mi juicio, es un gran error”.














