La victoria de José Antonio Kast, quien logró una amplia mayoría en todo Chile, incluido el norte minero, marca mucho más que un cambio político. Es un reflejo de transformación abismal en la percepción popular, un giro que genera enormes expectativas y muchas preguntas ahora sin respuesta.
La derecha, ahora al mando, con Chile Vamos debilitado, como se vio en los resultados obtenidos por Evelyn Matthei, enfrenta el desafío de gobernar un país en plena incertidumbre, donde la minería, como siempre, tendrá un papel crucial.
La izquierda, jibarizada y fragmentada, luego de la epifanía “octubrista” durante el gobierno de Sebastián Piñera, perdió terreno en un país que parece pedir a gritos un cambio. Sin embargo, la esperanza de los chilenos no se basa solo en las promesas de seguridad y orden, sino en resultados inmediatos.
En un país donde las demandas son urgentes, el gobierno de Kast deberá ir más allá de la mera gestión, debe construir y sostener un relato político que conecte con las aspiraciones de un pueblo que, hoy más que nunca, necesita ver el futuro con más seguridad (en el sentido amplio).
La contradicción chilena
La falta de estabilidad social y el alto nivel de frustración se contrapone a la oportunidad que representa el precio del cobre, importante factor que seguramente va a aliviar parte de la presión fiscal.
Con el cobre cotizado por encima de los cinco dólares por libra, el país se encuentra en una oportunidad histórica. Esta alza, impulsada por las crecientes presiones a la oferta, podría ser el salvavidas que se necesita para escribir el futuro inmediato de la economía chilena.
Pero como suele pasar, las oportunidades no son fáciles de capitalizar a la primera. El respiro fiscal que promete el cobre viene con grandes desafíos consigo. La derecha tradicional, empujada a un segundo plano, deja un vacío de liderazgo que podría dificultar la gobernabilidad.
Aún con los altos precios, el país se enfrenta a un panorama que exige más que una gestión económica; requiere un liderazgo sólido que sepa gestionar las expectativas y dar forma a un relato compartido. Varios tratarán de que esa acción fracase, incluido parte importante de un congreso que no es especialmente afín al nuevo gobierno.
El dilema entre el impulso económico y la sostenibilidad
El sector minero, piedra angular de la economía chilena, está en una encrucijada. Las políticas de Kast podrían redefinir la forma en que las inversiones influyen en la minería.
En un contexto global donde la industria enfrenta la creciente presión de ser más responsable y sostenible, queda la pregunta de si el nuevo gobierno se alineará con la tendencia de la minería verde. El gran desafío es equilibrar el impulso económico con una minería sostenible que atienda las necesidades del presente sin poner en riesgo a las comunidades ni al futuro.
Concedamos también que la crisis hídrica en el país, si bien sigue presente, menguó tras dos años que rompieron la racha de la megasequía, donde la falta de agua intensificó la crítica medioambiental contra la minería.
La inversión en tecnología, innovación, digitalización y automatización en las faenas mineras, con miras a la sustentabilidad, también es esencial para que Chile mantenga su liderazgo como productor. El gobierno de Kast podrá acelerar este proceso o, por el contrario, dejarlo sin respaldo estatal.
Si bien las inversiones en el sector minero podrían agilizarse en base a los precios récord del cobre y la creciente demanda de minerales críticos, la presión por una minería más ecológica es cada vez mayor. Queda la pregunta de cuánta prioridad le dará a la sostenibilidad el gobierno de Kast, y si el royalty minero y su propósito se mantendrán tal como están.
Esperanza e incertidumbre
Chile, ahora gobernado por una nueva derecha, enfrenta grandes expectativas en medio de una estabilidad política aún incierta. El cobre, como un faro en medio de la noche, podría aliviar en parte los problemas fiscales y ofrecer una ventana de oportunidad.
Ahora bien, el desafío será aprovechar esa bocanada de aire sin perder de vista los objetivos a largo plazo, tanto en términos económicos como de sostenibilidad. Esto, en un entorno político donde se ha demostrado que importa más “derribar al adversario ideológico” que colaborar en soluciones comunes.
El futuro de la minería chilena y sus beneficios está en manos de quienes sepan tomar decisiones estratégicas con visión de futuro.
Este es solo el principio.














