Las urnas de la primera vuelta 2025 pusieron al norte de Chile, esa geografía minera y áspera, en el centro de un giro inesperado. Franco Parisi obtuvo un 19,71 % de los votos y se consolidó como la tercera fuerza nacional.
Su victoria no es un dato aislado: varias de las comunas que lo respaldaron se encuentran en regiones donde la minería estructura la existencia colectiva. Ahí, el trabajo bajo el sol, el polvo del desierto y la tensión entre riqueza nacional y precariedades territoriales se volvieron el pulso de una vida que gritó desde la institucionalidad.
En ese norte minero, la política tradicional se percibe como un espacio ajeno, con decisiones tomadas en Santiago que bosquejan un país donde las realidades de las personas que habitan esos territorios se sienten amenazadas y abandonadas. Quizás, el desencuentro y las desilusiones permanentes con el poder central encontraron en Parisi una voz cruda y directa.
Su propuesta de trasladar el Ministerio de Minería al norte y liberar los bonos de los mineros de impuestos pudo generar puentes entre los centros de poder y los territorios refractarios del norte. Más allá de su factibilidad, esto actuó como un reconocimiento de una opción que logró poner en el centro las realidades del norte.
Más allá de la minería
En el contexto de una segunda vuelta etérea, los ojos están en esos votos de Parisi, y la propuesta es ir al norte a buscarlos. Quizás haya algo existencial en todo este fenómeno. El norte va mucho más allá de ser el centro de producción de cobre y litio; se configura como el fundamento invisible de un Chile que aspira a la modernización, el desarrollo, las exportaciones y las divisas.
Sin embargo, la vida del norte se traduce en precariedades, zonas aisladas, asoladas por desafíos frente a ciudadanos que, pese a trabajar para un país entero, sienten que el país los olvida. Ahí lo existencial.
Así, el voto por Parisi se convierte en un acto de disidencia, no solo de rechazo a la “vieja política” a la que apunta el candidato, sino como una reivindicación de una identidad periférica que exige visibilidad, correspondencia y ser tratada, nuevamente, “con dignidad”.
Crisis migratoria y falta de correspondencia política
A este contexto social ahora se suma la tensión creciente de la crisis migratoria en sus zonas mineras. Muchas veces aisladas, con viviendas precarias y servicios básicos justos, la crisis despierta aprensiones: competencia por trabajo, presión sobre infraestructura, temores de exclusión y la amenaza de ser víctimas del crimen organizado.
En este escenario complejo, las propuestas de protección laboral y estímulo al empleo resuenan con fuerza entre quienes sienten que su bienestar está al límite. Quizás, ese apoyo del norte se pueda entender más que como un respaldo a un candidato, como una expresión de hastío y esperanza en otra vía.
Después de la primera vuelta, vino un segundo misil. La consulta interna realizada por el Partido de la Gente arrojó que la opción “nulo o blanco” ganó por amplia mayoría, con un 78% de los votos, frente al 20% que optó por José Antonio Kast y solo el 2% que se inclinó por Jeannette Jara. Este resultado quizás refuerza el contexto de desconfianza, rechazo a lo establecido y, sobre todo, hastío del establishment, pero también el deseo de ser parte de la modernización capitalista.
“Ni fachos ni comunachos”, dijo el mismo Parisi, una frase que se volvió peyorativa contra su campaña, sumándose a otras expresiones despectivas, como cuando el exjefe de campaña de la candidata Jeannette Jara tildó de “flaite” a una figura del sector.
Más que riquezas, una demanda de reconocimiento
Al menos en la primera vuelta, está claro que el norte habló fuerte en estas elecciones, entre los campamentos mineros y los pueblos altoandinos. Donde, además de un voto de protesta, emergió un impulso en búsqueda de reconocimiento.
En un país que concentra sus decisiones en los centros del poder político, esa pulsión representa un quiebre simbólico, donde se plantea que no basta con producir riquezas, sino que el país debe interpelar a su propio centro, reconocer los territorios periféricos y devolverles el sentido de lo que en algún momento fue invisibilizado.
Vamos a ver qué pasa en la segunda vuelta y cuánto peso tendrá el resultado de la consulta interna del PDG en las urnas. Sin embargo, hay un mensaje claro: la minería, sus trabajadores, sus familias y territorios exigen más que promesas de campaña; exigen sentirse reconocidos como parte del proyecto nacional.












