La participación de las mujeres en la industria minera tiene una historia extensa, aunque durante décadas se omitió de los relatos más visibles del sector. Ahora, esa trayectoria se relaciona de forma directa con la formación profesional, el trabajo en faena, la investigación y profundos cambios culturales.
Para profundizar en estas transformaciones, ambas investigadoras compartieron sus perspectivas sobre la integración femenina, a propósito del reciente Día Internacional de la Mujer en la Minería.
De los estigmas a la transformación
El proceso de inserción femenina ha enfrentado barreras. Paula Rojas revela su propia experiencia formativa: aunque hoy es ingeniera civil en metalurgia, partió su camino estudiando ingeniería civil en minas. En esos años, existían creencias arraigadas de que las mujeres no debían ingresar a las minas porque traían mala suerte.
Rojas recuerda cómo circulaban relatos que asociaban accidentes en faena a la presencia femenina. “Es que la mina se pone celosa”, fue un comentario que influyó directamente en su decisión de cambiar de carrera.
Para la académica, estas ideas iban más allá de anécdotas aisladas, ya que reflejaban una cultura que justificó explícitamente la exclusión de las mujeres en minería. Eso sí, destaca cambios en la realidad de la industria, donde, desde la década del 2000, las grandes empresas mineras empezaron a promover activamente la incorporación de mujeres en roles operativos, técnicos y gerenciales.
Plantea, asimismo, que cada vez más mujeres estudian carreras mineras, operan camiones de gran tonelaje y ejercen como geólogas, ingenieras y supervisoras.
Si bien hay avances prácticos, la académica ve un desafío estructural que permanece: “No es solo aumentar la participación, sino también transformar las condiciones, cuestionar sesgos, rediseñar espacios de trabajo y dejar atrás la idea de que hay roles ‘para hombres’ o ‘para mujeres’”.
Junto a esto, reconoció el valor de las geólogas e ingenieras que abrieron caminos en contextos más adversos y permitieron que hoy sea posible buscar soluciones para una mejor minería.
Memoria territorial y liderazgo histórico
Desde la región de Atacama, Leticia del Pilar Campos situó esta evolución en la identidad y el orgullo propio de las familias mineras. Para ella, el descubrimiento en 2024 de que existía un Día Internacional de la Mujer en la Minería, que se celebra cada 15 de junio, dio cuenta de lo mucho que ha costado visibilizar el aporte femenino. “Apenas unos años de reconocimiento formal para una historia que, en realidad, comenzó hace siglos”, reflexionó.
La especialista destaca que, si bien la minería suele recordar nombres masculinos, grandes figuras femeninas dejaron una huella profunda. Nombró a Candelaria e Isidora Goyenechea, quienes en el siglo XIX lideraron procesos de transformación tecnológica y crearon escuelas y hospitales en Atacama y el Biobío.
Apuntó también a Carmen Schwarze, pionera oriunda de Domeyko que abrió el camino para el estudio de la Ingeniería de Minas, y a Zulema Soto, histórica dirigenta social de Diego de Almagro. Sobre esta última, Campos citó a un amigo que grafica su liderazgo: “Esa es la señora Zule, la que manda a todos los viejos en Diego”.
Ambas académicas coinciden en que, si bien la industria ha abierto nuevos espacios, persisten aún brechas importantes en los cargos de liderazgo y dificultades para compatibilizar la vida laboral y familiar.
Campos concluye en que “las mujeres siempre hemos estado presentes en la minería; la diferencia es que hoy, por fin, comenzamos a ocupar el lugar visible que merecemos”, mensaje que también plantea la necesidad de construir espacios más inclusivos y reconocer la historia de las mujeres en minería.














