Chile atraviesa un punto de inflexión en su hoja de ruta energética. El país consolidó una matriz de generación renovable destacada a nivel global, pero el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) enfrenta un desafío crítico: transportar eficientemente la abundante energía solar y eólica del norte hacia los grandes centros de consumo.
En este contexto, el proyecto de transmisión Kimal-Lo Aguirre, además de responder a la necesidad de infraestructura, se convierte en el habilitador estratégico para garantizar la seguridad y eficiencia del mercado eléctrico chileno en las próximas décadas.
La problemática actual es evidente y costosa. La zona norte, con factores de planta excepcionales para la generación fotovoltaica y eólica, enfrenta las consecuencias de una transmisión saturada. Esta restricción física provoca el vertimiento de energía (curtailment), lo que obliga al Coordinador Eléctrico Nacional a descartar miles de gigavatios-hora de energía limpia debido a la falta de capacidad de transporte.
Esta situación, además de implicar una ineficiencia sistémica, genera un desacople de precios que distorsiona las señales de inversión, con costos marginales cercanos a cero en el norte y precios elevados en la zona central, donde aún se depende de la generación térmica para cubrir la demanda y proporcionar inercia a la red.
Tecnología HVDC: eficiencia y control de flujo
Como respuesta técnica a este desafío, se desarrolla la línea Kimal-Lo Aguirre. Con una extensión aproximada de 1.350 kilómetros y una capacidad de 3.000 MW, este proyecto introduce la tecnología de Corriente Continua de Alta Tensión (HVDC) como un estándar necesario para la geografía chilena.
A diferencia de la transmisión convencional en corriente alterna, el sistema HVDC reduce drásticamente las pérdidas de transmisión en largas distancias y, esencialmente, ofrece un control activo del flujo de potencia. Esto permite gestionar la variabilidad de las fuentes renovables con una precisión inédita, aportando atributos de flexibilidad y estabilidad claves para operar una red con menor inercia síncrona.
El impacto del proyecto trascenderá la mera transmisión de electrones, siendo el gran corrector del desacople geográfico y económico del sistema. Al robustecer la topología longitudinal que hoy limita el flujo energético, se creará un corredor resiliente que conectará eficientemente la oferta de Antofagasta con la demanda de la Región Metropolitana.
Competitividad y certeza para la industria
Esta nueva interconexión permitirá homogeneizar los costos marginales a lo largo del sistema, reduciendo la exposición del mercado spot a la volatilidad de los combustibles fósiles y ofreciendo precios más competitivos y estables para industrias como la minera, sector que requiere certeza energética para sus operaciones.
Al mirar hacia la puesta en marcha, estimada para fines de esta década, Kimal-Lo Aguirre se perfila como la pieza angular para cumplir con el cronograma de descarbonización y las metas de la Ley Marco de Cambio Climático. Sin esta “carretera eléctrica”, el retiro de las centrales a carbón carecería del respaldo técnico necesario para garantizar la seguridad del suministro.
Este proyecto implica más que una inversión en torres y cables; emerge como la infraestructura crítica que permitirá a Chile convertir su potencial de energía renovable en una realidad de desarrollo sostenible, soberanía energética y liderazgo regional.














