Qué se firmó y quiénes participaron
La declaración se suscribió con ocasión del primer encuentro ministerial sobre minerales estratégicos, realizado en Santiago el 28 de agosto de 2026. El documento fue firmado por cuatro autoridades:
- Chile: Daniel Mas, biministro de Economía y Minería.
- Argentina: Luis Lucero, secretario de Minería.
- Bolivia: Walter Landívar, viceministro de Política Minera, Regulación y Fiscalización.
- Perú: Guillermo Shinno, ministro de Energía y Minas.
El objetivo declarado es impulsar un posicionamiento conjunto de la región como proveedor de los minerales críticos —aquellos considerados esenciales para tecnologías clave y con riesgo de suministro— que requieren la descarbonización, la electromovilidad y la inteligencia artificial.
El argumento de fondo: una demanda que se dispara
El eje del acuerdo es una proyección contundente. Según planteó el biministro Daniel Mas, la transición energética y el avance de la inteligencia artificial demandarán entre 400% y 600% más de minerales críticos en la próxima década. Por eso, sostuvo, lo que decidan estos países trasciende lo local:
«La declaración conjunta que suscribimos hoy es el primer paso firme hacia una alianza permanente. Posicionemos al Cono Sur como el proveedor de minerales estratégicos más confiable, sostenible y competitivo (…) lo que decidamos no es un asunto meramente local. Define, en los hechos, la seguridad y estabilidad de las cadenas de suministro globales».
Mas agregó que la integración es «ante todo, una agenda de oportunidades para nuestra gente». Y aportó un dato que suele pasar inadvertido: en el caso de Chile, las exportaciones de bienes y servicios para la minería hacia Argentina, Bolivia y Perú sextuplican a las de minerales. Es decir, la región no solo vende cobre o litio, sino también tecnología y soluciones para producirlos.
La mirada de cada país
El secretario de Minería de Argentina, Luis Lucero, destacó la ventaja histórica y geológica de la región, y el horizonte de muy largo plazo de la minería:
«El desarrollo de proyectos mineros intergeneracionales —como la puesta en marcha de una mina de cobre— que pueden perdurar entre 50 y 70 años, permite que el trabajo que iniciemos hoy sea disfrutado por tres o cuatro generaciones venideras».
Lucero reiteró además que «Argentina formará parte de la región que generará más de la mitad del cobre del mundo», y valoró tener «una visión compartida en esta industria de tan largo plazo».
El viceministro de Bolivia, Walter Landívar, puso el acento en agregar valor a los recursos, más allá de solo producir y exportar:
«El desafío no está solamente en incrementar nuestra producción o nuestras exportaciones, sino en transformar nuestros recursos minerales en oportunidades de mayor valor agregado, desarrollo productivo y bienestar para nuestras poblaciones».
El ministro de Perú, Guillermo Shinno, coincidió en esa línea y subrayó el foco social del acuerdo:
«El aprovechamiento de los recursos naturales debe estar estrictamente al servicio del desarrollo inclusivo, competitivo y del bienestar de toda la población».
Shinno también relevó «el valor de la cooperación entre nuestros países y la construcción de relaciones de confianza», en pos de una minería moderna, integrada y sostenible.
Cooperación técnica y modelos que ya funcionan
Más allá de las declaraciones, el documento fija compromisos concretos. La declaración contempla fomentar la inversión responsable a lo largo de toda la cadena de valor y explorar espacios de cooperación entre los organismos mineros de cada país. Esto incluye el intercambio de experiencias en fiscalización, geología, política pública minera y formación de capital humano especializado.
El acuerdo toma como referentes dos experiencias bilaterales que Chile ya tiene en marcha:
- La Comisión Administradora del Tratado de Integración y Complementación Minera con Argentina, reactivada este año.
- El Memorando de Entendimiento sobre Asuntos Mineros firmado con Perú en 2025.
Finalmente, y con foco en apoyar iniciativas mineras regionales, los cuatro países promoverán la búsqueda de apoyo técnico y financiero de organismos multilaterales. También impulsarán convocatorias conjuntas que permitan la participación de actores públicos y privados en proyectos de investigación, innovación y fortalecimiento institucional.














