En un Chile donde, en muchos ámbitos, las noticias no son buenas, con una deuda pública creciente, más inseguridad, una cultura cívica deteriorada y una sociedad más dividida, hay un aspecto en el que el país sí ha avanzado significativamente.
Mientras muchos miran atrás y recuerdan tiempos como los años 90, o incluso 2018 y lamentan lo que cambió, hay algo chileno que sigue sorprendiendo por su desarrollo: la electromovilidad.
Hace no tantos años, en Santiago, las “micros amarillas” eran el símbolo de avenidas ruidosas, llenas de polución y humo negro de los tubos de escape. Los buses de los 90, con su nube tóxica, dieron paso a una flota de buses eléctricos silenciosos, sin emisiones y que operan con energía limpia.
Este cambio no es solo una mejora estética, sino que una señal de que Chile abrazó la sostenibilidad en su sistema de transporte.
El país hoy lidera en América Latina respecto a la cantidad de buses eléctricos, con aproximadamente 2.600 unidades en operación. Actualmente solo China supera esta cifra a nivel mundial. Se proyecta que para 2026 la capital tendrá cerca de 4.400 buses eléctricos, lo que representará alrededor del 68% de su flota pública.
En plena marcha
Sin embargo, este avance hacia la electromovilidad no está libre de desafíos. En el país aún faltan incentivos para la compra de vehículos eléctricos y beneficios fiscales para su importación. Se necesita un apoyo más estructural a nivel privado para que la electromovilidad se consolide a nivel nacional.
Ahora bien, con el transporte público el ejemplo de Santiago no es único; Copiapó, ciudad eminentemente minera, implementó la electromovilidad en su transporte público. De hecho, la urbe se convirtió en la primera de Sudamérica en tener una flota 100 % eléctrica.
Con el cobre y el litio como pilares, Chile logró integrar sus recursos naturales en este proceso de transformación. Ambos recursos, esenciales para la infraestructura de los vehículos eléctricos, ahora son componentes clave en la transición hacia un modelo de transporte sostenible.
Si bien la transición energética es un caso de éxito en el transporte público, queda la pregunta de si este modelo se puede replicar en otros ámbitos, como el transporte privado. Las ventas de vehículos eléctricos han crecido, pero aún representan una parte pequeña del mercado.
En 2024, las ventas de autos eléctricos livianos en Chile aumentaron más del 180 % y se comercializaron más de 4.500 unidades, según el último informe de la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC A.G.). Sin embargo, la Estrategia Nacional de Electromovilidad apunta a que, a partir de 2035, todos los vehículos livianos nuevos que se vendan en Chile sean 100 % eléctricos.
Lo que sí es cierto es que, en un contexto en el que muchos asuntos en Chile parecen empeorar, la electromovilidad avanza a paso firme. En este punto, el tiempo presente es mejor. Tenemos un cambio tangible que nos ofrece una perspectiva de futuro más limpia y eficiente, lo cual debería ser motivo de optimismo.














