NetMin Group organizó una conversación en la que se habló de cómo los ripios de lixiviación, subproducto generado en la extracción de metales mediante soluciones químicas como ácidos o álcalis, y otros subproductos hidrometalúrgicos, tradicionalmente considerados desechos mineros, pueden transformarse en recursos valiosos dentro de una lógica de economía circular.
Mario Sánchez, ingeniero civil metalúrgico, doctor en Metalurgia y director de la comisión de Economía Circular de NetMin; Froilán Vergara, ingeniero civil metalúrgico y doctor en Electroquímica y Jorge Mejías, químico y Mining Business Manager en Oxiquim, compartieron su visión sobre cómo la minería chilena puede avanzar hacia una mayor sostenibilidad.
El descubrimiento de utilidad
Nuestra minería ha enfrentado durante años el desafío de gestionar los ripios de lixiviación, un subproducto de la extracción de cobre que, hasta hace poco, se consideraba un mero pasivo ambiental, un impacto negativo dejado por la actividad industrial.
Mario Sánchez introdujo la importancia de estos subproductos al destacar: “En Chile y Perú, los ripios pueden alcanzar decenas de millones de toneladas anuales, constituyendo pasivos ambientales muy relevantes. Los ripios de lixiviación, tradicionalmente vistos solo como pasivos, hoy se ven como un recurso secundario”.
El especialista agregó que la valorización de este material puede incluir desde la recuperación de metales, generando un beneficio económico, hasta su uso en la construcción y remediación ambiental, lo que se alinea con la creciente demanda de sostenibilidad en el sector.
Este cambio de perspectiva está permitiendo que los ripios se consideren algo más que un desecho, al reconocer su gran potencial de recuperación de recursos para la industria, apuntó Sánchez.
“Se suponía que en 2025 prácticamente no íbamos a tener minerales oxidados”
Más allá de las oportunidades, persisten desafíos, como explicó Froilán Vergara: “A partir del año 2000, la producción chilena de cobre se ha mantenido entre los 5 millones y los 5 millones y medio (de toneladas anuales). No hemos podido salir de esa situación, producto un poco del envejecimiento de nuestros recursos”.
Vergara apuntó al agotamiento de los minerales oxidados de cobre, más fáciles de extraer mediante lixiviación en comparación con los minerales sulfurados: “Se suponía que en 2025 prácticamente no íbamos a tener minerales oxidados”.
Vergara también destacó el desafío de aprovechar la capacidad de las plantas hidrometalúrgicas y la relevancia de los cátodos de electrowinning, que usa electricidad para extraer cobre de soluciones ácidas. En 2010 representaba el 40% de la producción nacional de cobre, pero hoy ha caído al 25%, “que tampoco es despreciable pensando que ya casi no teníamos minerales oxidados disponibles”.
“Eso tiene que ver con, un poco recurriendo al tema de la economía circular, a utilizar desechos históricos que hemos tenido en el tiempo y que efectivamente hoy día nos ayudan a mantener una producción no menos importante del 25% de lo que es la línea de cátodo de electroobtención”, expuso.
Vergara también mencionó el desafío de manejar grandes volúmenes de material, ya sea material o mineral de baja ley, lo que requiere una gestión eficaz de residuos para mitigar impactos ambientales. Además, señaló que la hidrometalurgia está cobrando relevancia para el tratamiento de ripios y otros residuos mineros.
En relación con esto, el analista expuso que uno de los principales desafíos actuales es la transición hacia el tratamiento de minerales sulfurados. Explicó que este cambio marca una nueva etapa, con recuperaciones que van del 70% al 80%, lo que convertiría a la hidrometalurgia en una alternativa rentable frente a la pirometalurgia, que extrae metales mediante calor.
Vergara agregó que esta modalidad ahora utiliza soluciones cloruradas para la lixiviación secundaria en lugar de ácido sulfúrico, lo que representa un cambio significativo en la tecnología de tratamiento: “Estamos en otro mundo, con otra problemática, con otro desafío tecnológico”, sostuvo.
“Las iniciativas de lixiviación con cloruro y otras tecnologías buscan ir más allá, ¿por qué no con sulfuros primarios?”
Sobre esta técnica, Jorge Mejías se manifestó, afirmando: “Las iniciativas de lixiviación con cloruro y otras tecnologías de alto impacto buscan ir más allá, no solo con los ripios de segunda generación, si se puede llamar así, sino también con materiales mixtos, de sulfuros mixtos o, ¿por qué no?, de sulfuros primarios”.
Para el gestor de Oxiquim, Chile tiene un gran potencial para aprovechar las oportunidades que ofrece la economía circular, utilizando sus residuos como recursos. Sin embargo, destacó que el proceso hidrometalúrgico ganó terreno recientemente en el país, especialmente en comparación con la histórica y potente industria de concentración de minerales.
“Si uno piensa en el boom de las plantas hidrometalúrgicas en Chile, partió con algunas plantas chiquititas por el año ochenta y tanto (…) A partir del año noventa empieza a crecer esto con un universo que llega a alrededor de casi 50 plantas por el año 2000”, afirmó.
El químico apuntó que la lixiviación secundaria se integró en muchas plantas para manejar los ripios generados y que esto constituye una parte importante de la producción de cobre en el país. Aunque advirtió que, desde el inicio de estas operaciones, nunca se consideró prioritario medir o hacer el seguimiento de los respectivos desechos.
Señaló que con el tiempo, los materiales lixiviados, al volverse a procesar, generaron ripios secundarios, como ocurrió con los proyectos de ampliación de plantas que integraron la lixiviación secundaria. Apuntó que, si bien este proceso se ha vuelto común, la gestión de los ripios como residuos finales sigue siendo un tema pendiente.
Mejías señaló que en el peak de producción de cobre en Chile se generaron unos “440 millones de toneladas de ripios dispuestos en alguna parte”. Agregó: “Uno a través de los años puede ir observando cómo las tortas de estériles o de ripios han ido creciendo alrededor de los sitios que uno ha visitado”.
“Hace 20 años, pasabas por Mantos Blancos, de Antofagasta hacia Calama y se veía un poquito, una tortita, una cosa bastante mínima, pero hoy tú pasas por ahí y la verdad es que son extensiones enormes de ripio”, dijo el gestor, quien apuntó que la medición y gestión de estos residuos sigue siendo un asunto pendiente de gobernanza.

De desechos a recurso: el futuro de los ripios
La charla dejó en la palestra que los ripios de la minería y otros subproductos, que hasta hace poco tiempo se consideraban desechos, comenzaron a valorarse como recursos en un modelo de economía circular en línea con la innovación tecnológica y la búsqueda de sustentabilidad.
Persisten los desafíos, pero mientras la industria avanza hacia la sostenibilidad, la transformación de un pasivo en un recurso puede ser importante para el futuro del sector, con beneficios tanto ambientales como económicos.














