Chile bajó del tercer al cuarto lugar en la recepción de inversión extranjera directa (IED) en América Latina, según el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Este retroceso, que deja al país detrás de Brasil, México y Colombia, invita a reflexionar sobre las causas y las medidas necesarias para recuperar su liderazgo.
En 2024, Chile recibió US$12.521 millones, una baja significativa respecto a los US$18.377 millones del año anterior. Aunque la cifra sigue siendo considerable, la disminución refleja una pérdida de atractivo. Sin embargo, hay factores externos que, gestionados adecuadamente, podrían ser más inocuos de lo que parecen.
Concentración de reinversiones: el estancamiento de la IED en Chile
La caída en el ranking no fue un fenómeno aislado. Mientras Brasil y México lideraron la región con aumentos de inversión de 13,8% y 47,9%, respectivamente, en Chile, la posición en la IED bajó no por falta de interés, sino por la concentración de reinversiones de empresas transnacionales ya operando en la región.
En lugar de atraer nuevo capital, la mayor parte de la inversión regional vino de empresas ya establecidas, que optaron por reinvertir sus ganancias. Este cambio en el perfil de la inversión provocó un estancamiento de nuevos proyectos, lo que dejó a Chile en una posición más pasiva frente a otros países que lograron atraer proyectos en fase inicial.
El potencial de Chile en la transición energética global
La minería sigue siendo un pilar fundamental de la economía chilena. El cobre y el litio son esenciales para la transición energética global, y Chile tiene la ventaja de ser uno de los principales productores de estos minerales. Sin embargo, mientras las energías renovables no convencionales (ERNC) y el hidrógeno verde se reposicionan como sectores clave, Chile no logra aprovechar plenamente su potencial geográfico.
El país cuenta con el territorio ideal para proyectos solares y eólicos: una de las mayores radiaciones solares del mundo y vientos constantes en sus costas. Aún así, el aprovechamiento de estas energías sigue siendo insuficiente. Chile debe entender que las ERNC no son solo una moda o una “marca”, sino un pilar estratégico para garantizar un futuro energético sostenible, al tiempo que atrae inversión extranjera.
El hidrógeno verde es una de las grandes apuestas. Aunque el país ha dado algunos pasos, como el proyecto “H2 Magallanes” y la creación del Centro Tecnológico para el Hidrógeno Verde en la misma región, aún está lejos de aprovechar todo su potencial en este ámbito. Esta es un área en la que Chile podría sobresalir, no solo a nivel regional, sino global, si se implementan políticas claras y proyectos a gran escala
Recuperar el liderazgo: de la minería al futuro energético sostenible
A pesar de las dificultades, Chile sigue siendo un destino atractivo, especialmente en la minería. El cobre y el litio siguen siendo esenciales para la transición energética mundial. Aunque la IED minera disminuyó, el país mantiene su posición de liderazgo en minerales críticos.
Recuperar el liderazgo en IED no es cuestión de suerte, sino de decisiones políticas estratégicas. El país debe invertir en tecnologías limpias y procesos productivos sostenibles para competir en una región donde los inversionistas se enfocan cada vez más en la sostenibilidad y la innovación tecnológica.
Una visión de futuro: Diversificación y adaptación
Chile tiene las particularidades necesarias para recuperar terreno. Si bien es un referente en minería, el futuro está en adaptarse a las nuevas demandas globales. Potenciar la inversión en energías renovables y asegurar que la minería no se limite solo a la extracción, sino que también impulse una industria más limpia y tecnológica, es esencial.
Para recuperar el atractivo de Chile en la IED sería necesario actuar con visión y adoptar políticas públicas claras que promuevan tanto la inversión en minería como en sectores emergentes como las ERNC y el hidrógeno verde.
En un mundo que cambia rápidamente, Chile debe anticiparse a las tendencias globales, adaptarse a ellas y, sobre todo, aprovechar lo que lo hace único: su capacidad para producir los minerales más demandados del planeta y su geografía para liderar en energías renovables.














