El wolframio, también conocido como tungsteno, es un elemento químico de símbolo W y número atómico 74. Su alta densidad y el punto de fusión más elevado entre los metales (3422 °C) lo posicionan como un recurso indispensable en industrias que requieren materiales con resistencia térmica y al desgaste, como la armamentística, la aeroespacial, la electrónica y la metalurgia.
Origen estelar y geoquímico
Su formación ocurre en el interior de estrellas gigantes rojas mediante el proceso s (captura lenta de neutrones), que permite crear isótopos estables como el ¹⁸²W, ¹⁸³W, ¹⁸⁴W y ¹⁸⁶W. Durante la evolución temprana del Sistema Solar, el decaimiento del hafnio-182 en meteoritos permitió deducir procesos de diferenciación planetaria, especialmente en cuerpos como Marte o la Tierra.
En la Tierra, la mayoría del wolframio se concentra en el núcleo, aunque estudios recientes demuestran su retención parcial en el manto, lo que desafía teorías previas sobre su comportamiento geoquímico. En la corteza, se halla en minerales como wolframita y scheelita, presentes en depósitos tipo skarn, greisen, pórfiro, IRGS, pegmatitas y placeres.
Presencia ambiental y comportamiento geoquímico
El wolframio circula en el ambiente principalmente como el anión tungstato (WO₄²⁻), soluble y móvil en condiciones oxidantes. Su comportamiento en suelos y sedimentos está condicionado por factores como el pH, la presencia de óxidos de hierro y manganeso, y materia orgánica. A pesar de su alta densidad, es capaz de movilizarse y formar halos geoquímicos en torno a zonas mineralizadas.
En la atmósfera, su presencia se debe a fuentes naturales (erupciones volcánicas, erosión) y antropogénicas (industrias metalúrgicas). En la biosfera, el W no tiene funciones fisiológicas en plantas o animales, aunque ciertos microorganismos anaerobios lo usan como cofactor enzimático.
Uso humano y valor estratégico
Descubierto en 1783 por los hermanos Elhuyar, el wolframio es hoy considerado un elemento crítico por su baja disponibilidad, localización geográfica limitada y alta demanda. China concentra más del 80 % de su producción global, generando dependencia de mercado y preocupación geopolítica en EE.UU. y la Unión Europea.
Se utiliza mayoritariamente en la fabricación de carburos de tungsteno para herramientas de corte (50–60 %), aceros especiales (15 %) y dispositivos eléctricos (10 %). En defensa, sustituye al uranio empobrecido en proyectiles y blindajes.
A pesar de su alta utilidad, su minería y procesamiento enfrentan desafíos ambientales. En China se han documentado impactos negativos asociados a su extracción, lo que ha motivado la búsqueda de procesos más limpios y eficientes.
FUENTE: Artículo científico-divulgativo de Braian K. Pereyra. «Link«














