Una nueva fiebre dorada. En tan solo doce meses, el precio del oro subió más de un 50%. Superó los 4.000 dólares por onza. Está en su nivel más alto del siglo. Es un avance rápido e inusual. Incluso para el oro, que suele repuntar en momentos críticos. Como pasó durante la pandemia de 2020, cuando el metal volvió a ser refugio para las inversiones. Ahora la inestabilidad económica impulsa la tendencia. También la deuda global, la inflación y los cambios bruscos en las tasas de interés.

Esta vez el fenómeno va más allá del movimiento defensivo de los inversores. Desde 2024, el metal dorado ha superado al euro como segundo activo de reserva mundial. Mostrando un cambio profundo en lo financiero internacional, una preferencia mayor por el oro y una caída en la confianza del dólar como moneda dominante.
¿Qué explica el repunte de la nueva fiebre dorada?
La invasión rusa a Ucrania marcó el primer giro en la curva alcista del oro, intensificado tras las sanciones financieras contra Moscú. Pero el gran impulso llegó con el regreso de Donald Trump, que reactivó la agenda arancelaria, presionó a la Reserva Federal y sumó incertidumbre con el cierre del Gobierno estadounidense.
El resultado: el oro se ha convertido en la inversión más rentable de los últimos meses, por encima de las criptomonedas, divisas y la energía.
A esto se suma la pérdida de confianza en los bonos del Tesoro. En 2025, por primera vez desde 1996, las reservas globales de oro superaron a las de deuda estadounidense. China, India y Turquía lideran esta acumulación, en el marco de una estrategia de desdolarización que también incluye el fortalecimiento del mercado de Shanghái como referencia internacional de precios.














