El Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra cada 5 de junio, muchas veces llega acompañado de campañas simbólicas y llamados generales a cuidar el planeta. Es comprensible: abundan las efemérides y no siempre es fácil mantener el foco entre tantos recordatorios.
Sin embargo, más allá de las conmemoraciones, los actuales desafíos climáticos exigen acciones concretas. En este contexto, la minería chilena ya muestra su potencial para consolidarse como una pieza clave en la materialización de soluciones sostenibles, especialmente frente al desafío de la transición energética y la lucha contra el cambio climático.
Lo cierto es que avanzar hacia la descarbonización y terminar con la dependencia de los combustibles fósiles difícilmente sería posible sin una minería que provea los insumos críticos. La electrificación del transporte, el desarrollo de energías renovables y la expansión de redes limpias dependen, esencialmente, de minerales como el cobre, el litio, el cobalto, el níquel o las tierras raras.
De hecho, la Agencia Internacional de Energía (IEA) sostiene que, para cumplir los compromisos del Acuerdo de París, es decir, limitar el aumento de la temperatura media global a menos de 2 °C respecto de los niveles preindustriales, la demanda global de minerales críticos podría multiplicarse por seis hacia el año 2040.
Ventaja comparativa con responsabilidad
Chile, por su geología y experiencia, cuenta con una ventaja comparativa innegable. Pero esta condición también impone una responsabilidad significativa. En este desafío no basta con producir más: también es necesario producir con menor impacto, más tecnología y mayores consideraciones socioambientales.
En este frente, hay datos que muestran avances relevantes. El Informe de Consumo de Agua en Minería del Cobre 2023, elaborado por Cochilco, indica que el 76 % del agua que se utiliza en la gran minería corresponde a agua recirculada.
En materia energética, empresas como BHP, Anglo American, Codelco y Antofagasta Minerals han suscrito contratos eléctricos con fuentes 100 % renovables. Según el Consejo Minero, más del 60 % de la energía contratada por la gran minería actualmente proviene de fuentes limpias, una transformación impensable hace apenas una década.
En el tratamiento de residuos, se han expandido tecnologías de relaves espesados y filtrados que permiten reducir significativamente el consumo de agua fresca, aumentar la estabilidad geotécnica y minimizar el riesgo ambiental. Proyectos como Quebrada Blanca Fase 2, El Teniente y El Soldado ya operan bajo esta lógica, con el respaldo del Ministerio de Minería y la Superintendencia del Medio Ambiente.
En las localidades, han surgido enfoques más integrales de planificación ambiental, con planes de cierre anticipado, restauración ecológica y corredores de biodiversidad. Casos como Los Pelambres, Caserones y Sierra Gorda SCM muestran experiencias que combinan monitoreo ambiental compartido, educación ambiental y nuevas formas de vinculación con las comunidades.
Nuevo panorama en la conservación de glaciares
Uno de los temas más sensibles es la relación entre minería y glaciares, considerados patrimonio ambiental estratégico. Desde 2022 y, especialmente, desde febrero de 2024, se han fortalecido las restricciones sobre las operaciones en glaciares, en línea con modificaciones al Reglamento del SEIA.
La última actualización incorpora por primera vez el cambio climático como factor en la evaluación ambiental y refuerza los estándares de acceso a la información y participación ciudadana.
En este contexto, diversos proyectos han reformulado sus trazados para evitar impactos, incluso indirectos, en glaciares cercanos.
Paralelamente, varias empresas han instalado estaciones meteorológicas, sensores de masa glaciar y cámaras de monitoreo, en colaboración con instituciones como el Centro de Estudios Glaciológicos de la Universidad de Chile y el Instituto de Ciencias Ambientales y Evolutivas de la Universidad Austral.
Estas acciones han permitido establecer líneas de operación más precisas y anticipar impactos que antes era más probable pasar por alto, como los efectos del polvo en suspensión, los cambios en los patrones de escorrentía (variaciones en el flujo del agua superficial) o las modificaciones en el albedo (la fracción de energía solar que refleja una superficie).
Señales claras de una minería más sostenible
Esto no significa que todos los problemas estén resueltos. Persisten desafíos relacionados con la trazabilidad, los impactos acumulativos y la gobernanza territorial.
Pero sí existen señales claras de transformación, con una minería que incorpora evidencia, adapta sus procesos, mejora sus estándares y entiende que hoy importa tanto qué se extrae como cómo se extrae.
En un escenario global que exige menos emisiones y un camino firme hacia la transición energética, Chile tiene la oportunidad de demostrar que es posible liderar la producción de minerales críticos con responsabilidad ambiental.














