La infraestructura eléctrica que sostiene operaciones ininterrumpidas, como faenas extractivas o data centers, enfrenta un escenario de máxima exigencia. En este ámbito, la continuidad operacional toma un valor estratégico, especialmente cuando los equipos de distribución deben lidiar con ambientes agresivos, normativas cambiantes y altos estándares de seguridad.
Para responder a este desafío, la división de Servicios de ABB Electrificación Chile impulsa una estrategia orientada a extender la vida útil de activos críticos. El foco está en el mantenimiento inteligente, la modernización tecnológica y el acompañamiento técnico continuo. El objetivo es claro: lograr que sistemas diseñados para operar por 20 años —como los switchgears de media y baja tensión— puedan duplicar ese periodo mediante intervenciones planificadas.
José Hernández explica que la propuesta de valor radica en no abandonar el activo una vez instalado. “La clave no reside solo en la robustez del equipo desde fábrica, sino en un respaldo técnico permanente. No es lo mismo un equipo en una sala blanca de un data center que uno operando en una nave de electroobtención, donde se respira ácido”, ilustra, subrayando que la periodicidad del mantenimiento debe calibrarse según la agresividad del entorno.
El factor geográfico y la gestión a la medida
La realidad local agrega variables complejas: alta sismicidad, exposición costera, corrosión salina y material particulado constante. Estos factores ejercen una presión implacable sobre los componentes mecánicos y eléctricos, acelerando el desgaste y elevando el riesgo de fallas críticas si no existe un plan de mantenimiento específico.
Por esto, la gestión de activos exige una lectura diferenciada. Sectores como la minería, la celulosa o los centros de datos operan con cargas y riesgos distintos. “Trabajamos cada proyecto como un traje a la medida. Son segmentos con estrategias de mantenimiento diferentes que deben personalizarse”, indica Hernández. Esta adaptabilidad es la que permite que un equipo no solo prolongue su vida operativa, sino que logre certificarse bajo nuevas normativas a lo largo del tiempo.
Retrofit: modernización sin reemplazo total
La respuesta técnica para evitar la obsolescencia es el retrofit. En el caso de los switchgears de media tensión instalados en salas eléctricas, esta técnica permite conservar los gabinetes y estructuras originales, actualizando únicamente los componentes que determinan el desempeño y la seguridad.
“Al cumplir una década de uso, reemplazamos los relés típicamente electromecánicos por unidades de protección digitales, modernizamos el cableado de control y actualizamos los interruptores”, detalla el ejecutivo. El resultado es un equipo con capacidades de última generación que incluye monitoreo en tiempo real, diagnóstico predictivo y conectividad remota, maximizando el retorno de la inversión inicial.
Apuntar a la seguridad y rentabilidad a largo plazo
En industrias de operación continua, una detención imprevista golpea directamente la rentabilidad, la estabilidad de la planta y, fundamentalmente, la integridad de los trabajadores. Por esto, la estrategia debe asegurar un stock crítico de repuestos y líneas de respaldo.
“La seguridad de las personas y de los activos es el pilar final. La desconexión programada para mantenimientos preventivos desenergizados reduce drásticamente los riesgos”, señala Hernández.
Frente al dilema entre renovar o reemplazar equipos completos —una decisión de ingeniería crucial en ambientes severos—, la modernización se posiciona como la vía para integrar nuevas capacidades sin descartar la infraestructura existente. Una gestión técnica capaz de leer el entorno y anticipar riesgos es, en definitiva, la clave para extender el valor de los activos eléctricos durante décadas.














