El Gobierno de Estados Unidos adquirió un 10% de Trilogy Metals, empresa que lidera la exploración en el distrito minero Ambler, en Alaska. La decisión se dio a conocer tras la aprobación de los permisos para construir una carretera que conectará la zona con la autopista Dalton, lo que generó un alza inmediata en el valor de las acciones de la compañía.
La medida abrió un debate sobre el rol del Estado como inversionista y regulador en un proyecto que sigue en evaluación ambiental. Expertos advirtieron que esta doble posición podría comprometer la independencia del proceso. Tom Moerenhout, académico de la Universidad de Columbia, señaló que la participación estatal “pone en duda la capacidad del Gobierno para actuar como un evaluador imparcial”.
Tensión regulatoria y riesgos para el mercado del Gobierno de Estados Unidos
El caso cobra relevancia por la oposición de comunidades nativas y grupos locales que alertan sobre posibles impactos en el ecosistema del río Kobuk. Pese a estas inquietudes, la administración estadounidense ha impulsado inversiones similares en sectores estratégicos como acero, tecnología y minerales críticos, buscando mayor independencia productiva para su seguridad nacional.
La senadora del Gobierno de Estados Unidos Lisa Murkowski, quien respaldó el avance del proyecto vial, expresó inquietud sobre el efecto de la participación estatal en un proceso regulatorio aún abierto. Dijo que podría generar dudas sobre trato preferencial o flexibilización de estándares ambientales.
El acuerdo considera un pago de US$ 38 millones por el 10% de la empresa, además de una opción para que el Gobierno aumente su participación en 7,5% una vez construida la carretera. También incluye el derecho a designar un miembro del directorio de Trilogy Metals por tres años.
Economistas advierten que estas inversiones pueden distorsionar el mercado, favorecer proyectos menos competitivos u opacar iniciativas privadas con mayor potencial. Otros sostienen que, si el objetivo principal es asegurar minerales estratégicos para la industria militar y tecnológica, la rentabilidad podría no ser el factor decisivo.
Fuente: Alaska Public Media














