Por más de 20 años, la empresa Mavivi E.I.R.L. desarrolló su oficio desde la Región del Biobío, al alero del acero y el cuero. Su historia, sin embargo, hoy se escribe con otros materiales: aluminizado, kevlar y lana ignífuga, insumos clave para proteger a los trabajadores de la minería frente a temperaturas extremas.
El paso desde el corazón metalúrgico de Concepción hacia las faenas del norte tiene un punto de partida claro: Huachipato.
“Mi padre, que fundó la empresa, se dedicó principalmente en un comienzo al tema de los cueros y a la protección para el trabajo de soldadores”, cuenta Luciano Vivanco, encargado de contabilidad, finanzas y gestión de la firma.
“Luego amplió un poco el rubro, porque ahí había una empresa que se llamaba Huachipato, que trabajaba con alto horno y tenía fundición”, relata. Ese primer gran cliente marcó el rumbo. “Le ofrecíamos los trajes directamente a Huachipato. Eso fue como el trampolín para poder empezar a abarcar otras zonas”.
El impulso de Huachipato
Y fue tal como lo describe Vivanco. Hoy el foco de la empresa se expande hacia la minería, donde desde hace un par de años han decidido afianzar su presencia. “Con minería empezamos hace unos dos o tres años. Ya venía la idea madurando luego de nuestra buena experiencia con Huachipato”, explicó.
El giro se concretó de cara a un contexto simbólico: Huachipato cerró definitivamente sus operaciones en septiembre de 2024, luego de más de 70 años de historia. La decisión, anunciada por la Compañía Siderúrgica del Pacífico (CAP), vino frente a la imposibilidad de competir contra el dumping chino y a una situación financiera insostenible.
Cierre no menor para el Biobío, ya que Huachipato fue durante décadas el principal productor de acero del país, con un vínculo histórico con la minería, especialmente en la elaboración de insumos como las bolas de molienda.
Protección térmica especializada
En este nuevo escenario, empresas como Mavivi redefinieron su rol. “Nuestra empresa se especializa en lo que son los EPP de seguridad, tanto en aluminizado como en cuero”, afirma Vivanco. “Ocupamos esos materiales para resguardar a los trabajadores, tanto de la parte minera como también a soldadores”.
La línea más fuerte del catálogo apunta a ambientes de fundición. “Nosotros presentamos productos basados en aluminizado, que están reforzados por dentro con kevlar y lana ignífuga”, explicó. Esto permite que las personas que manipulan altos hornos u objetos a temperaturas muy elevadas estén protegidas ante el calor extremo y la radiación. “La idea es que estén protegidos para que no sufran quemaduras”, recalca.
Respuesta aluminizada ante el calor
Entre los beneficios más relevantes del aluminizado, Vivanco destaca su capacidad de responder ante salpicaduras. “El material tiende a evitar que, cuando existen salpicaduras, estas se adhieran. Tienden a resbalar, lo que protege a la persona”.
En caso de contacto con líquidos como mineral fundido, “al caer directamente, el material permite que esto resbale y no llegue al contacto con la piel”.
Sobre sus capacidades térmicas, puntualizó: “Aguanta hasta 1.650 grados en radiación. Ahora, en contacto directo, soporta hasta 400 grados”.
De Concepción a la minería del norte
La empresa continúa operando desde Concepción, lo que llama la atención en un rubro donde gran parte de las faenas se ubican en el norte. Surge la pregunta de cómo se construyó ese nexo geográfico.
“Esta empresa parte hace más de 20 años. Ahora, buscando ampliar nuestra presencia, decidimos comenzar a asistir a eventos mineros y también a expandirnos hacia la zona minera, que es donde creemos que nuestros productos pueden tener buena acogida”, dijo Vivanco.
De esta forma, con experiencia en la metalurgia, el sector forestal y ahora la minería, Mavivi E.I.R.L. forma parte de un grupo de proveedores que ha sabido leer las necesidades técnicas de las faenas. “La minería igual es amplia, no es solo el tema de las fundiciones”, puntualizó.
Desde los hornos de Huachipato hasta las arenas del desierto, la historia de esta empresa no solo conecta dos industrias, sino que refleja una capacidad de adaptación que da cuenta del presente productivo de Chile, de la mano con la memoria industrial.








