La presión sobre el agua sigue creciendo
El impulso de estos proyectos ocurre en un contexto de mayor presión sobre las fuentes continentales, es decir, el agua de ríos, lagos y napas subterráneas. Por eso, la industria mira cada vez más hacia el mar.
Las cifras ayudan a dimensionar el desafío. Según Cochilco, la demanda de agua de la minería del cobre crecerá a una tasa promedio de 1,2% anual entre 2025 y 2034. De esta manera, alcanzará los 20,6 m³/s al final del período. Ese dato, los metros cúbicos por segundo, mide el caudal, o sea, el volumen de agua que se consume por unidad de tiempo.
El agua, un eje central de la planificación
El recurso está redefiniendo la forma en que las compañías planifican sus proyectos. Hoy, su gestión se considera un factor estratégico desde las primeras etapas de diseño.
Así lo plantea Diana Ewing, Water Solutions Manager de Ausenco, empresa global de ingeniería y consultoría para minería. «La fuente de abastecimiento de agua debe evaluarse desde las etapas iniciales de planificación e ingeniería. Esto permite integrar completamente en el diseño del proyecto la infraestructura de captación, tratamiento, bombeo, almacenamiento y distribución, reduciendo los riesgos asociados a modificaciones posteriores», explica.
La tecnología amplía las soluciones
Los avances tecnológicos también están ensanchando el abanico de opciones. Entre ellos, la mayor eficiencia energética, la integración de energías renovables en los procesos de desalinización y el uso de aguas residuales tratadas.
Según Ewing, estas herramientas permiten desarrollar sistemas con menores requerimientos de energía y una mayor flexibilidad operacional. Es un punto clave, ya que desalar agua de mar consume bastante energía, por lo que abaratarla mejora la ecuación del proyecto.
La desalinización y el reúso ganan protagonismo
Estas soluciones ya son parte de importantes operaciones en el país. Ausenco aporta experiencia en áreas como la hidrología, la hidrogeología, la geofísica y la gestión de relaves. La hidrogeología, por ejemplo, es el estudio del agua subterránea.
Su experiencia incluye la participación en el sistema de suministro de agua de mar más grande hoy en operación para una de las principales mineras del país. También estuvo en el proyecto Quebrada Blanca Fase 2 (QB2), que incorporó agua desalinizada para abastecer una faena de gran altitud. Ambos casos muestran cómo las fuentes de agua no continentales se volvieron clave para la continuidad de las operaciones.
Los desafíos regulatorios pendientes
La expansión de esta infraestructura también abre desafíos normativos. Para la experta, dar mayor certeza a inversionistas, operadores y comunidades será esencial. Así se facilitaría el desarrollo de proyectos de largo plazo y se mejoraría la previsibilidad durante su ejecución.
Ewing resume el reto de fondo hacia adelante. «El desafío será desarrollar sistemas resilientes capaces de garantizar el suministro de agua durante toda la vida útil de un proyecto, al tiempo que se mejora la eficiencia operacional y se reducen los impactos sobre las fuentes de agua dulce», concluye.
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