Qué es la acuñadura y por qué importa
Antes de entrar al equipo, conviene explicar la tarea. La acuñadura es la labor de remover las rocas sueltas del techo y las paredes de una galería subterránea. También ayuda a controlar las condiciones del macizo rocoso, es decir, del conjunto de roca que rodea la excavación.
Es una de las actividades más críticas para la seguridad. De hecho, según Soilfe, la acuñadura sigue siendo una de las tareas de mayor riesgo dentro de la minería subterránea, justamente por la exposición a la caída de rocas.
Un cambio en una labor históricamente diésel
Hasta ahora, esta tarea ha dependido de equipos con motor diésel. Por eso, la llegada de una versión totalmente eléctrica marca un giro relevante para el sector.
«La llegada del PScale 8-TE representa un punto de inflexión para la acuñadura en Chile. Estamos hablando de llevar la electromovilidad a una actividad que históricamente ha dependido de equipos con motores diésel y que, además, se desarrolla en uno de los ambientes más exigentes de la minería», explica Ramón Rada, gerente de Operaciones de Soilfe.
Las cifras técnicas del equipo
El PScale 8-TE cuenta con un sistema eléctrico de alto voltaje de 800 V y una batería de hasta 80 kWh, la unidad que mide la energía almacenada. Como alternativa, también puede operar conectado a un cable semiestacionario.
En cuanto a su desempeño, alcanza una velocidad de desplazamiento de hasta 18 km/h y una fuerza de tracción de 65 kN. El kN, o kilonewton, es una unidad de fuerza. Además, está diseñado para trabajar en pendientes de hasta 40%.
Menos emisiones y menos carga en la ventilación
La principal diferencia frente a un equipo convencional es la eliminación de las emisiones directas del motor diésel durante la operación. Esto es especialmente valioso bajo tierra. En minería subterránea, la ventilación es uno de los mayores consumos de energía de una faena, ya que se necesita renovar el aire de forma constante.
Por eso, según Rada, la electrificación va más allá del motor. «La electrificación no debe entenderse solamente como reemplazar un motor diésel por uno eléctrico. En minería subterránea significa también repensar la operación, reducir emisiones en el interior de las galerías, disminuir la carga sobre los sistemas de ventilación y avanzar hacia procesos más eficientes», señala.
La seguridad, el otro gran eje
A la mejora ambiental se suma la operación telemática, es decir, el manejo a distancia del equipo. Esta característica permite alejar al trabajador de las zonas con exposición potencial a caída de rocas. La seguridad es, precisamente, uno de los ejes sobre los que PAUS desarrolló su línea PScale.
El equipo también destaca por su estructura articulada, sus sistemas de seguridad y su ergonomía para el operador. Por su parte, está preparado para condiciones extremas. La versión eléctrica opera en ambientes de hasta 5.000 metros sobre el nivel del mar y en temperaturas de entre -20 °C y 50 °C.
El foco en el acompañamiento
Finalmente, desde Soilfe subrayaron que el desafío no es solo traer tecnología, sino integrarla bien en las operaciones locales.
«Chile tiene una minería subterránea altamente sofisticada y exigente. Por eso, nuestro desafío no es solamente traer máquinas nuevas, sino acompañar a las compañías mineras en su incorporación, con soporte técnico, repuestos, capacitación y conocimiento de la operación en terreno», afirma Rada.
Este arribo se enmarca, además, en las metas de descarbonización del país. Para 2030, la gran minería apunta a reducir a la mitad sus emisiones de CO₂ equivalente. El CO₂ equivalente es una medida que agrupa los distintos gases de efecto invernadero en una sola cifra. A más largo plazo, Chile busca alcanzar la carbono neutralidad a más tardar en 2050.
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