Recambio laboral y auge tecnológico en el marco de la décima versión del Estudio de Fuerza Laboral de la Gran Minería 2025–2034, presentado por la Alianza CCM–Eleva, integrada por el Consejo Minero y Fundación Chile. Un análisis del país sobre la evolución del empleo minero, las brechas de talento y los desafíos formativos que enfrentarán las compañías durante los próximos diez años.
El evento, donde estuvo InfoMINERIA, reunió a Víctor Orellana, subsecretario de Educación Superior; Joaquín Villarino, presidente ejecutivo del Consejo Minero; Valentina Quiroga, gerenta de Desarrollo Humano de Fundación Chile; además de gerentes de Recursos Humanos de empresas mineras y proveedoras.
Las intervenciones coincidieron en que la industria enfrenta un cambio estructural profundo un recambio laboral y auge tecnológico: nuevas tecnologías, envejecimiento laboral, mayor participación de mujeres y una transición hacia operaciones altamente especializadas.

Un sector que se transforma
Durante la presentación, Villarino recordó que la industria lleva años preparándose para este escenario. Señaló que la instalación de centros integrados de operación, la autonomía de equipos y la digitalización no son tendencias futuras, sino realidades instaladas, que requieren trabajadores con competencias completamente distintas a las de hace una década.
Uno de los cambios más relevantes está en la composición de la fuerza laboral. Hoy, de cada cuatro trabajadores, tres pertenecen a empresas proveedoras. Esto confirma una disminución del empleo directo en compañías mineras y un crecimiento significativo del ecosistema de servicios especializados, lo que obliga a ajustar la formación de talento hacia perfiles técnicos modernos, ligados a automatización, big data y operación remota.
En materia tecnológica, la adopción de camiones autónomos sigue expandiéndose. La flota podría triplicarse en los próximos años, modificando el tipo de trabajadores requeridos y elevando la demanda por profesionales más calificados y con dominio digital. Este cambio, señaló Villarino, transformará los requerimientos de contratación y acentuará la necesidad de formación continua.
Envejecimiento de la fuerza laboral
Otro punto crítico es el envejecimiento de la fuerza laboral. Cerca del 87% de la demanda proyectada al 2034 surge del retiro de trabajadores actuales. La jubilación masiva, especialmente en puestos operativos, se transformará en el principal impulsor de nuevas contrataciones. De manera sorprendente, gran parte de esta demanda proviene de las empresas proveedoras, que concentran más dotación y presencia operativa.
La participación femenina fue uno de los temas más destacados. Hace diez años, la presencia de mujeres en minería no superaba el 7%. Hoy la cifra alcanza el 23,1%, gracias a políticas de inclusión, apertura cultural, adecuación de infraestructura y esfuerzos sostenidos del sector por reducir brechas históricas. Aunque persisten desafíos en retención, liderazgo y trayectoria profesional, la industria reconoce que la diversidad ya es parte estructural de su modernización y no una agenda negociable.
Las compañías mineras informaron que trabajan simultáneamente en tres dimensiones: inversión tecnológica, inclusión y desarrollo de talento. El 100% cuenta con políticas de diversidad e inclusión, junto con programas de formación, mentorías, aprendizajes y liderazgo femenino. A esto se suman nuevas estrategias de conciliación laboral, claves para evitar que la incorporación de mujeres sea temporal y para equilibrar responsabilidades familiares tanto en mujeres como en hombres.
Desafíos en recambio laboral y auge tecnológico
Valentina Quiroga advirtió que la mayoría de las profesiones «no existirán tal como las conocemos hoy». La aceleración tecnológica exige cambiar la relación con la formación profesional, con sistemas de capacitación más ágiles y certificaciones que acompañen trayectorias laborales en constante transformación. Subrayó que incluso quienes hoy están titulados deberán actualizarse para seguir siendo competitivos.
También enfatizó que la brecha entre lo que las empresas necesitan y lo que encuentran en los territorios vuelve imprescindible fortalecer la formación regional. La demanda de las zonas mineras es clara: más contratación local, lo que implica mejorar institutos, centros educativos y articulación entre el Estado, la industria y los gremios. Sin ese trabajo territorial, advirtió, el sistema está «condenado a fracasar».
El estudio también muestra algo difícil de lograr en industrias complejas: coordinación sectorial real. Trece compañías mineras y once proveedores estratégicos trabajaron juntas para levantar datos desde 36 operaciones en todo Chile. Para Villarino, este nivel de colaboración evidencia que el sector entendió que ningún actor puede cerrar por sí solo la brecha de talento que exige la minería del futuro.
La conclusión fue clara: la década que viene exige atraer talento joven, retener mujeres, actualizar competencias, descentralizar la formación y acelerar la adopción tecnológica, todo en paralelo. La minería avanza hacia un modelo donde la productividad y la sostenibilidad dependen directamente del capital humano y de la capacidad de la industria para anticiparse a los cambios estructurales que ya están en marcha.














