Bajo los suelos del desierto y en lo alto de la cordillera, Chile sostiene su estrategia minera del último tiempo en dos pilares fundamentales: el cobre y el litio. Uno, símbolo de la electrificación desde el siglo XX; el otro, insumo clave para las baterías del XXI.
Sin embargo, mientras el mundo se adentra en el esquema de la transición energética y la vanguardia tecnológica, un nuevo espacio se abre silenciosamente. Esta oportunidad no viene del debate minero predominante, sino que de los márgenes: los relaves, las arcillas del sur y yacimientos abandonados.
Desde el norte hasta el Biobío, algunos empiezan a mirar más allá de su tradicional actividad extractiva. Porque en ese “más allá” aparecen minerales que, aunque menos protagónicos, resultan estratégicos para el futuro del planeta.
Entre ellos, el cobalto y las tierras raras se empiezan a perfilar como las nuevas joyas del mapa minero nacional. Y con ellos, también una oportunidad para territorios como los cercanos a Concepción, desde hace años desplazados del núcleo minero histórico del país.
Renacer de los desechos
En los relaves, esos depósitos plomos que bordean las faenas, Chile guarda un tesoro silencioso: el cobalto. Este metal, clave para las baterías de ion-litio y, por lo mismo, para la electromovilidad, aparece con fuerza en investigaciones que han detectado su presencia en los desechos mineros.
La paradoja es fuerte y fascinante: lo que eran desperdicios, hoy podría ser insumo estratégico para la economía verde. Lo que era un pasivo ambiental podría convertirse en motor de desarrollo productivo.
El impulso de una “minería secundaria” basada en relaves no es menor. Implica reconectar pasado y futuro en un mismo punto geográfico, y transformar externalidades negativas en oportunidades de innovación. En ese giro, Chile no solo reciclaría minerales, sino también su propia narrativa minera, al enlazarse con los principios de circularidad, sostenibilidad y valor compartido.
La oportunidad apunta a la posibilidad de extraer cobalto mediante métodos menos invasivos, con la utilización de tecnologías biológicas como la biolixiviación: un proceso que emplea microorganismos para solubilizar (separar los minerales y hacerlos disponibles en una solución homogénea) y recuperar el cobalto presente en los relaves.
Tierras raras, un término curioso para un desafío estratégico
A veces, hay nombres que, además de llamativos, pueden ser engañosos. Llamarlas “tierras raras” suena a algo lejano o extraño. Pero lo cierto es que estos 17 elementos de la tabla periódica son cada vez menos raros en nuestra vida cotidiana: están en smartphones, televisores, autos eléctricos, turbinas eólicas y satélites. Es decir, en el centro mismo de la revolución tecnológica.
Lo complejo de las tierras raras no es encontrarlas (de hecho, son abundantes), sino su extracción. Se encuentran en concentraciones bajas, son difíciles de separar y su producción históricamente ha implicado altos costos ambientales. Hoy, el mapa global de estos minerales lo domina China. Sin embargo, entre los grandes consumidores industriales crece la inquietud por esta concentración.
Y ahí es donde Chile aparece en el radar. Con yacimientos de arcillas ion-absorbentes (capaces de captar y retener iones con carga eléctrica presentes en el medio que las contiene) en Penco, y con cientos de relaves potencialmente identificados en el norte, el país podría ingresar a este exclusivo grupo exportador y ofrecer estos minerales críticos no como una alternativa menor, sino como un actor relevante.”
Minería sin dinamita en el Biobío
El caso de la región del Biobío podría marcar un giro de época. Tradicionalmente industrial, forestal y portuaria, hoy proyecta un polo emergente de una minería distinta. No se trata de túneles ni grandes faenas a rajo abierto, sino de arcillas tratadas en superficie, sin tronaduras, relaves ni residuos industriales. Una minería que podría operar en pocas hectáreas y coexistir con su entorno.
El desarrollo de tierras raras en Penco es una señal concreta de que la descentralización minera es posible. Nuevas regiones pueden incorporarse al mapa productivo con experiencias que permitan pensar la minería y el entorno como realidades más complementarias que contradictorias.
Este tipo de proyectos, por su escala y perfil tecnológico, abre espacio a empleos calificados, sin perder de vista el involucramiento territorial. Queda instalada la pregunta: ¿puede Chile convertirse en una potencia en tierras raras? La respuesta aún está sin escribirse, pero el desafío queda planteado.
El territorio de los recursos del futuro
Cobre, litio, cobalto y tierras raras. Cuatro sustantivos y etapas de una historia en elaboración. La del país rico en los minerales del pasado y que ahora se proyecta como potencia en los minerales del futuro. La de la economía fuertemente dependiente de los precios del cobre que ahora podría diversificar su matriz con nuevos referentes.
Es seguir y profundizar en lo que ya se lidera, pero también extender el foco. Todo indica que a la narrativa de la minería chilena le quedan aún muchas páginas por escribir. Si lo hace con una nueva mirada más tecnológica, innovadora y a largo plazo, quizás se logre algo valioso: ser líderes no por lo que el país extrae, sino por lo que hace.














