La reutilización, la gran protagonista
El hallazgo más importante es que la minería usa, sobre todo, agua que ya tiene. En 2025, el uso total de agua llegó a 80,22 m³/s. El m³/s, o metro cúbico por segundo, mide el caudal, es decir, el volumen de agua por unidad de tiempo.
De ese total, el 72,5% fue agua reutilizada y recirculada, equivalente a 58,17 m³/s. Es, por lejos, la principal fuente de abastecimiento. En otras palabras, antes de buscar agua nueva, la industria recircula una y otra vez la que ya está en sus procesos. Esa tasa de reutilización se ha mantenido sobre el 70% durante la última década.
El agua de mar no para de crecer
La segunda gran tendencia es el avance del mar. El uso de agua de mar alcanzó los 8,11 m³/s, un 10,1% del uso total. Puede parecer poco, pero la cifra más que se triplicó respecto de 2016. De hecho, su extracción creció un 231% en esa década.
Además, cada vez más de esa agua llega desalinizada. En 2025, el 70,4% del agua de mar que usó la minería fue desalada, es decir, se le retiró la sal para poder usarla en los procesos. Un dato interesante es que durante el año no entraron en operación nuevas plantas desalinizadoras. El crecimiento vino de aprovechar mejor la infraestructura existente.
Menos agua continental
El reverso de esa historia es la caída del agua continental, la que proviene de ríos, lagos y napas subterráneas. En 2025 bajó a 13,94 m³/s, una reducción del 7,0% respecto de 2024. Su participación relativa viene cayendo de forma sostenida.
Por eso, en el total de agua extraída, el mar ya representa el 36,8%, frente al 34,1% del año anterior. Antofagasta es la única región donde el agua de mar supera a la continental, con un 57,2% de su extracción.
Más consumo con menos cobre
Quizás el dato más contraintuitivo del informe es este. Entre 2016 y 2025, el consumo de agua de la minería subió un 16%, mientras que la producción de cobre fino bajó un 2,5%.
¿Por qué pasa esto? La explicación está en la ley del mineral, es decir, la cantidad de cobre que contiene cada tonelada de roca. Como esa ley viene cayendo, hay que procesar mucha más roca para obtener la misma cantidad de metal. Y procesar más roca exige más agua, aunque los procesos sean igual de eficientes.
Dónde se va el agua
El informe también muestra en qué se consume el agua. La gran mayoría se concentra en la concentración y el depósito de relaves, que subió del 74,5% del consumo en 2016 al 79,8% en 2025. Los relaves son los desechos que quedan tras procesar el mineral.
En contraste, la hidrometalurgia, otra ruta de procesamiento, redujo su peso del 13,6% al 8,4%. Esto va en línea con el agotamiento de los minerales oxidados, que son los que trata ese proceso.
Una fuerte concentración territorial
Finalmente, el agua minera no se reparte parejo por el país. La Región de Antofagasta concentra el 50,1% de toda la extracción operacional. Si se le suma O’Higgins, con un 17,6%, ambas reúnen cerca de dos tercios del agua que usa la industria.
Ese patrón refleja dónde están las grandes faenas de cobre y, también, dónde se ha construido la infraestructura de agua de mar. Casi toda la captación marina (99,6%) se concentra en Antofagasta, Tarapacá, Atacama y Coquimbo.
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