La minería del país cambió de forma considerable durante los últimos quince años. Sus procesos elevaron su complejidad, los estándares de seguridad y disponibilidad demandan mayor precisión, y la infraestructura hoy conecta equipos, sistemas de control y operaciones que dependen entre sí.
En este contexto, la infraestructura eléctrica debe evolucionar a la par de una operación minera que exige continuidad, visibilidad y capacidad de respuesta en tiempo real.
Oscar Rubio, Product Marketing Specialist de la división de media tensión de ABB Chile Electrificación, planteó que la digitalización integrada puede elevar la eficiencia operacional en más de un 15%, además de reducir tiempos de inactividad y fortalecer la seguridad mediante el monitoreo continuo.
Sin embargo, expuso que numerosos proyectos aún conciben y especifican sus salas eléctricas bajo criterios que pertenecen a una etapa anterior de la industria.
De la robustez individual a la visión sistémica
Rubio planteó que, durante décadas, el criterio dominante en las decisiones de ingeniería fue la robustez individual de cada componente. Explicó que ese enfoque resultaba suficiente para una operación más simple, con una mayor tolerancia a las detenciones.
Hoy, cada sistema depende del siguiente. “Una falla en la infraestructura eléctrica ya no es un evento aislado, sino una detención de proceso con consecuencias que se sienten inmediatamente en seguridad, productividad y costos”, señaló.
Para el especialista, una sala eléctrica en minería debe cumplir una función que va más allá de la distribución confiable de energía. Debe integrarse con los sistemas de control y protección, entregar datos en tiempo real para apoyar las decisiones operacionales y permitir tareas de mantenimiento en condiciones de terreno extremas, como la altura geográfica, los ambientes corrosivos y los ciclos de carga variables.
Ingeniería temprana y mantenimiento predictivo
El punto de partida que planteó Rubio está en la ingeniería temprana. “Esto implica considerar las condiciones reales de operación: altura geográfica, ambientes corrosivos, ciclos de carga variables y los perfiles de mantenimiento específicos de cada faena”, afirmó.
Indicó que la incorporación de sistemas SCADA de supervisión y control, digitalización y sensores inteligentes permite que la infraestructura reporte su “estado de salud” en tiempo real. “Esta visibilidad hace posible pasar de un mantenimiento preventivo —basado en calendarios rígidos— a uno predictivo basado en condiciones reales, anticipando fallas antes de que se conviertan en detenciones no programadas”, dijo.
Detalló que, cuando ese proceso se ejecuta de forma correcta, el resultado es una solución que el equipo de operaciones puede mantener, monitorear y adaptar a medida que evoluciona la faena. El representante planteó que ahí se marca la diferencia entre una infraestructura que acompaña el crecimiento del negocio y otra que limita su evolución.
Pensar la inversión a largo plazo
El principal obstáculo para avanzar, expuso, trasciende la tecnología y se encuentra en el criterio de inversión. Explicó que las soluciones ya operan en proyectos mineros de alta exigencia en Chile y el mundo, y que el desafío surge cuando las compañías evalúan una sala eléctrica únicamente como un ítem de costo asociado a la etapa de construcción, sin considerar su impacto sobre la confiabilidad y la disponibilidad operacional a largo plazo.
Para el representante, esta nueva mirada permite dejar atrás la concepción de una infraestructura entendida solo como un componente fijo de distribución energética, sin visibilidad sobre su condición operativa.
En ese sentido, recalcó que “la infraestructura eléctrica debe dejar de ser vista como una caja negra estática para ser entendida como un activo dinámico, capaz de entregar información, anticipar eventos y sostener el desempeño de la operación durante toda su vida útil”.
El especialista concluyó: “Porque en una industria que no se detiene, la infraestructura eléctrica tampoco puede quedarse quieta”.














